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Septiembre 2026

Día Mundial de la Rabia

El desafío es hacer que la prevención llegue más lejos

Aunque suele percibirse como una enfermedad antigua y poco frecuente, el virus sigue vigente en el mundo.

Por Rosario Ares, responsable global de Rabia, División Pets, Biogénesis Bagó.


Hay algo paradójico en la rabia: es una de las enfermedades más letales que conocemos y, al mismo tiempo, una de las más prevenibles. Una vez que aparecen los síntomas, la enfermedad es mortal. Sin embargo, contamos con una herramienta concreta para evitarla: la vacunación.

Entonces, si sabemos cómo prevenirla, ¿por qué la rabia continúa siendo un desafío de salud pública en distintas partes del mundo? La respuesta no está solamente en la ciencia. Está en el acceso, en la educación, en las características epidemiológicas de cada territorio y en nuestra capacidad para convertir una herramienta disponible en una prevención efectiva.


La enfermedad está presente en más de 150 países y regiones y la Organización Mundial de la Salud confirma que más de los 95% de los casos de rabia humana se transmiten por perros. Además, cuatro de cada diez víctimas son niños. En este contexto, el desafío ya no es solamente tener una vacuna. Es conseguir que la prevención llegue a donde más se necesita.


Una misma enfermedad, realidades diferentes

Los datos son abrumadores, pero hablar de rabia a nivel global implica reconocer que no existe una única realidad epidemiológica. América latina avanzó significativamente en el control de la rabia canina y ese es un logro que debemos valorar, pero no significa que la enfermedad haya desaparecido. El virus continúa circulando y los reservorios animales siguen representando una amenaza. En Argentina, por ejemplo, los murciélagos constituyen un reservorio relevante y pueden generar una vía de exposición para los animales de compañía. 


Pero en distintas zonas de Asia y África, la situación es aún más crítica. Las personas continúan muriendo después de mordeduras de perros y el acceso a las herramientas de prevención sigue siendo un desafío. 


Estos escenarios no pueden abordarse de la misma manera. Cada estrategia debe considerar la epidemiología local, las características de las poblaciones animales, el acceso a los servicios veterinarios y sanitarios, la infraestructura disponible y las condiciones logísticas de cada mercado.


La prevención como denominador común

Cuando hablamos de rabia, la prevención real ocurre mucho antes, cuando un perro o un gato recibe su vacuna, cuando un veterinario recomienda mantener actualizado el calendario sanitario, cuando un tutor entiende que vacunar a su animal también es una forma de proteger a las personas con las que convive.


También ocurre cuando un gobierno puede implementar campañas de vacunación, cuando existen sistemas de vigilancia adecuados y cuando las vacunas pueden llegar y conservarse en las condiciones necesarias. Por eso, hablar de prevención significa hablar de un sistema.

En este sentido, la rabia es uno de los ejemplos más claros de por qué necesitamos pensar la salud animal y la salud humana de manera integrada. Cuando vacunamos a un perro, protegemos a ese animal y, al mismo tiempo, reducimos una potencial vía de transmisión hacia las personas.

Cuando gobiernos, veterinarios, organizaciones sanitarias e industria coordinan esfuerzos para ampliar la cobertura de vacunación, el concepto de Una Sola Salud deja de ser una declaración para convertirse en una práctica concreta. 


Biogénesis Bagó cuenta con una experiencia consolidada en la prevención de la rabia en Latinoamérica. Desde 2012 participa en el Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud y, a través de este mecanismo, ha entregado más de 138 millones de dosis en más de 14 países. La compañía cuenta además con una capacidad productiva anual superior a 50 millones de dosis de vacuna antirrábica.


Pero esa experiencia también plantea una pregunta hacia adelante: ¿cómo podemos hacer que las soluciones sean cada vez más adecuadas para las necesidades de cada territorio? El desafío implica cambiar la pregunta. Ya no alcanza con preguntarnos qué producto podemos ofrecer, tenemos que preguntarnos qué necesita cada territorio para que la prevención realmente funcione.


En la compañía entendimos que expandirse no significa simplemente llevar una solución de un mercado a otro. Significa escuchar. Comprender la epidemiología local, conocer las necesidades de los gobiernos, identificar las barreras de acceso. Entender las condiciones regulatorias y logísticas y, sobre todo, construir alianzas con organizaciones locales que permitan desarrollar soluciones sostenibles en el tiempo.


En salud animal, crecer no debería significar solamente llegar a más mercados. Debería significar ser capaces de resolver más necesidades. Porque la pregunta que deberíamos hacernos no es solamente si podemos prevenir la rabia, sabemos que podemos, la pregunta es hasta dónde podemos hacer llegar esa prevención.